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 Violencia Policial [Capítulo 1]
MensajePublicado: Mar Feb 24, 2009 6:55 pm Responder citando
Arkantos
Admin Despótico

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Berlín; Veintitrés de Abril de Mil Novecientos Sesenta y Nueve.




Grupos y sindicatos anarco-sindicalistas -El equivalente a la CNT española.- toman las calles de Berlín, sus únicas armas son puños y piedras, si bien algún que otro cóctel molotov. Sus rostros cubiertos por pañuelos o cualquier otra prenda la cuál los ayude a ocultar su identidad.

Su mejor estimulante, la rabia contenida. Rabia acumulada durante años, impotencia ante la brutalidad policial, ante el abuso, ante los tercos núcleos de fascistas los cuáles infestaban las calles de todos y cada uno de sus barrios. La policía, como no podía ser de otra forma los apoyaba y protegía, y Aurora no estaba dispuesta a consentirlo más.


- Hoy es el gran día... Hoy será cuándo midamos no nuestras fuerzas contra esos malditos perros, pues ventaja nos llevan tanto en número como equipamiento, pero no os achantéis... No déis ni un sólo paso atrás, ¿Me habéis entendido?

Determinación; era algo lo cuál hasta se podría decir que le sobraba a la joven. Firmeza, autoridad, eso era lo que infundaba e instaba a difundir entre sus filas.

Estaban frente a frente, miradas las cuáles destilaban odio y rabia, por el contrario los antidisturbios los miraban con cierto desdén, con esa prepotencia y aires de grandeza que siempre caracterizo a esos estúpidos y descerebrados perros a los cuáles responden al nombre de policías.



- Te quiero Carlos, todo saldrá bien cariño, ¿De acuerdo? - Dijo la pequeña Aurora al que era su novio, Carlos, acariciando su rostro con el dorso de la diestra. Tras eso se colocó un pañuelo palestino alrededor del rostro, aferrando una botella llena de queroseno, quemando el pañuelo que salía de la misma, lanzándolo mientras gritaba al unísono. - ¡A POR ELLOS, NO NOS DETENDRÁN CAMARADAS, LA CALLE ES NUESTRA...!

Tras eso se vieron rodar los primeros botes de humo por el suelo, la policía cargó con desmesurada violencia contra la dispersada multitud de manifestantes, a los pocos minutos todo era gente por los suelos, grupos de policías ensañándose con colectivos concretos, con personas concretas más bien. Siempre les gustaron eso de ir a por uno y lincharlo, malditos cobardes. Eso era lo que pasaba por la cabeza de Aurora, pendiente más que de ella de su novio, el cuál se limitaba a correr y tirar piedras de forma aleatoria a sus perseguidores.

- ¡Sí, así se hace camaradas, miradlos, se retiran, se retiran, no los dejéis escapar, perseguidlos! - La verdad es que se le hizo bastante raro el que huyesen sin más, no habían cargado ni tres veces con porras y a botazo limpio y ya se iban... Tal vez no se pudiesen permitir bajas, el caso es que se deleitó viendo arder a un par de maderos.

- Oh joder... Oh joder... ¡¡¡OH JODER RETIRAROS MALDITA SEA!!! - Bramó Carlos, en el flanco derecho. - ¡JODER HAN IDO A POR LAS PUTAS ESCOPETAS, ESTÁIS LOCOS SALID DE AHÍ O SUS...!!! - Un grito ahogado acalló dicha advertencia. No la del propio Carlos, sino la de Aurora. Teoricamente al disparar bolas de goma la distancia mínima son diez metros, teniendo siempre en cuenta que está prohibido apuntar de cintura para arriba. En ese caso, no fue así.

Pronto el suelo se tiñó de su joven sangre. Era una imagen más triste que repugnante la de ver la cabeza del joven literalmente reventada, pronto el odio y la venganza inundó los espíritus de los alocados jóvenes los cuáles corrieron prestos hacia el policía ensí. La segunda fila de antidisturbios tomaron el liderazgo, descargando sus municiones a modo de contención... Muchos cayeron, muchos, pero todos los demás siguieron, sin achantarse, liderados en todo momento por Aurora, la cuál dió un gran salto, golpeando con desmedida fuerza y violencia el torso del policía.



Le reventó el pecho. Es lo que tienen las botas militares con puntera de acero, que hacen pupita. Pronto la prendieron a base de golpes con porras y culatas de escopeta. Cada vez eran más los que retrocedían ante el terror que suponía ver camaradas mutilados por la artillería, moribundos por el suelo, retorciéndose de dolor y rodando sobre su propia sangre. Para colmo a lo lejos se oyeron sirenas, pero no la de las ambulancias, sino la de otra docena de furgones a modo de apoyo.

Lo único que le quedaba a Aurora... Sus camaradas, compañeros de risas, penas y llantos... Lo único que le quedaba... Veía desvanecerse, veía sus principios traicionados, viejas consignas las cuáles perdían su significado... La manifestación no tardó en disolverse cuándo llegaron los bomberos y comenzaron a barrer las debilitadas filas antifascistas con potentes chorros de agua a presión.

- No... No... Chicos, amigos, camaradas... No podéis... - Lo último que vió fue a Santiago, uno de sus mejores amigos pateando con brutalidad la cara de uno de los agentes los cuáles la retenían, tratando en vano de salvarla, observando aterrorizada como tras un golpe de culata su tabique nasal retrocedía hasta causarle la muerte.

- Teniente coronel Dimitri, hemos prendido a la supuesta cabecilla.

- Capitán... Has hecho un buen trabajo, bien sabes que te recomendaré a tus superiores, metedla en el furgón, nos vamos. Yo me ocuparé personalmente de interrogarla. - Dijo Dimitri, quitándose los guantes y subiendo al furgón, no sin antes tomar el mentón de la muchacha y alzar su rostro. - Vaya, ¿Dónde están tus amiguitos, huh...? - Dijo sonriente. A Aurora no se le ocurrió otra cosa más que el de escupirle, afortunada o desgraciadamente llevaba el casco, lo que sí hizo fue tomarla del pelo y tirar con fuerza, empujándola hacia adentro.



- Hijo de puta... Irán a por ti, ¿Sabes...? Puto madero capitalista de... - Esta vez fue un botazo en su estómago el cuál la hizo callar, aún no se encontraba esposada y pudo apoyar ambas manos en el suelo antes de contemplar como de sus labios prendían finos hilos de sangre, terminando por desplomarse, si bien es cierto que Santiago consiguió alcanzar el furgón con un último cóctel molotov, ni el mismo supo como, pero lo hizo.

- ¡JODER DIMITRI ESE BASTARDO PRETENDE JODERNOS EL FURGÓN! - Dijo su compañero totalmente alterado.

- Capitán cálmese, joder, está blindado. - Dijo Dimitri sin alterar lo más mínimo ni el pulso ni su tono de voz, negando lentamente.

Una vez Aurora despertó se encontró en una sala oscura, con un espejo grande a un lado y una única puerta, cuándo quiso levantarse se percató de que estaba atada a una silla, frente a ella, una taza con sopa caliente. Resultaba jodido el tener tantísima sed y no tener nada que echarse a la boca. Los minutos se le hicieron eternos, cuándo al fin, para su alivio o desagrado entró el capitán, el cuál tras dar unas cuántas vueltas en torno a ella y mirarla con cierto desdén sonrió.

- ¿Tienes sed?

- ¿A ti qué te parece...? - Respondió con patente odio y desprecio; éste hizo amago de responder, pero ella se anticipó. - Era una pregunta retórica... - Negó además lentamente a modo de desaprovación, gesto el cuál le costó un guantazo en la mejilla.


- Modérate, zorra. Dimitri no será tan piadoso contigo... - Tras eso se alejó, se oyó un ruído, algo metálico, como buscando algo. Pronto volvió, ya sin casco, dejando ver su larga y negra melena contrastar con sus verdes ojos. A decir verdad aún no sabía su nombre, aunque tampoco le interesaba... Lo que sí que le inquietaba era la serie de objetos que iba dejando sobre la mesa y los cuáles no alcanzaba a ver.

- Qué... ¿Qué es eso...? - Le fue imposible ocultar cierto miedo y temblor en su tono de voz. Por otro lado, él se limitó a sonreír, de una forma bastante ruín. - Nada... Instrumentos para el procedimiento... Rutinario... - Dijo quitándose la chaqueta, dejándola en un rincón. - ¡Dimitri, ya está todo preparado! - Bramó.

- ¡Ya voy maldita sea, estoy acabando con el interrogatorio once!

- Haha... Qué cabrón, siempre se queda con las mejores... En fin, voy a desatarte, puedes tomarte eso si quieres. - Tras eso se colocó tras ella, despojándola de las esposas las cuáles tantísimo daño le hacían.



- Eh... Una cosa... No quiero que... Bueno...

- ¿No quieres qué, pequeña? - Dimitri se encontraba con una toalla entre las manos, con el rostro mostrando una expresión de plena satisfacción, echó la toalla a un lado, acercándose a ella, dejándola contemplar a la luz de la única bombilla que iluminaba la estancia sus rasgos Arios.

Quedó a apenas un palmo de su rostro, relamiéndose y cogiendo una porra, estampándola contra su diestra. - Verás que llevadero se te hace el interrogatorio pequeña, verás qué llevadero...

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Violencia Policial [Capítulo 1]
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