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 Ubi mors ibi spes, hoc voluerunt.
MensajePublicado: Lun Jul 06, 2009 11:39 am Responder citando
Arkantos
Admin Despótico

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Ubicación: Agazapado en la oscuridad, tras mi próxima víctima.
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La guerra entre ambas facciones no había hecho más que encrudecerse en los últimos meses, y la causa no era precisamente las dotes persuasivas y diplomáticas de Agarwaen, sino más bien el ansia de poder de Krumc. Éste último era el rey de Celapaleis, quien osó enfrentarse al magnate que enalteció y sacó de la ruina al reino de Elysion, reino postrado al oeste de las murallas del heroísmo.


- Mi señor, creo que tras el boicot y asedio que sufrió su aldea, esa que abastecía los suministros parcialmente de la ciudad y encargada en gran parte de la aceptación de su impuesto inquisitivo, es más que suficiente, no debería de tirar mucho más de la cuerda. - Sí, exactamente. Él era Agarwaen, osado, perspicaz y con patentes dejes despótico-arrogantes. Ataviado con su larga gabardina, pantalones de cuero adornados con metálicas cadenas y demás complementos que tintineaban tras cada movimiento, anunciando movimientos los cuáles en la gran mayoría de las veces sus víctimas no podían percatarse dada la pasmosa agilidad de la que estaba dotada el semi-elfo.

Retrocedió unos pasos, dejando que el sordo sonido procedente de las determinantes pisadas de sus botas sobre el frío marmol rompiesen el sepulcral silencio que en la estancia reinaba. - Por supuesto... Es sólo mi humilde, objetiva e irrelevante opinión, milord... Pero como alto inquisidor que en su día fui nombrado, creo tener claros los conceptos de rendición y aceptación de su raza, asímismo de su inferioridad frente a nosotros, aunque eso ya... Sois vos quién ha de matizarlo y decidirlo, claro... - Llevó ambas manos a su nuca, suspirando tras eso, revolviéndose el pelo y dándole la espalda, marchándose como había venido, sin mostrar ningún tipo de reverencia ni respeto hacia su rey.


- Si no fueses uno de mis mejores lugartenientes puedes tener por seguro que habrías sido desde hace ya bastante tiempo pasto de los leones y un mero efímero minuto de diversión para la plebe, cíñete al que hasta ahora viene siendo tu trabajo y deja de quejarte y preocuparte por dilemas existenciales. Quiero a la princesa Shinaxiah, ¿Entendido?. - Efetectivamente, sólo él podía competir contra Agarwaen en cuánto a arrogancia y despotismo se refería.

- Claro... Como ordenes... - Su tono de voz destilaba tanto indiferencia como desdén. Estaba más que claro que pese a su arrogancia y pasotismo, tenía claro de quién era la mano que lo alimentaba, y a pesar de todo, aún... Aún no debía morderla. Agarwaen dejó la sala a paso ligero, cerrando tras de sí con fuerza; Envuelto en quién sabe qué pensamientos avanzaba raudo, sin rumbo fijo, pero con esos aires inquisitivos y violentos que le caracterizaban, una de las sirvientas del castillo se vió incapaz de alcanzar a esquivarlo cuándo se topó con él en una esquina, el ruido de las piezas de porcelana que portaba al caer alertó de sobremanera a Agarwaen, quién como acto reflejo extendió la diestra, asiéndola del cuello, alzándola un par de palmos del suelo y estampándola contra la pared, gruñendo.

- P... Por f... Por favor... Me estás... Ahogando... - Murmuró como buenamente pudo la joven, bastante cohibida e insegura de su porvenir en esos precisos instantes, sintiendo un gran alivio al notar el frío marmol con la consecuente caída sobre el mismo. Se apresuró a recoger tanto el líquido esparcido como los trozos de la tetera, marchándose de inmediadto.

- Huh... Creo que estoy demasiado estresado... Sí, eso creo yo... - Se rascó la nuca, pensativo. - Creo que me despejaré un rato... - Acudió a su cuarto, comenzando a despojarse allí de sus armas, dejando sobre la cama su pesado equipo, katanas, fundas, dagas, todo un arsenal camuflado en la más exquisita sutileza. Entre tanto, Ivorween, la limpiadora designada para limpiar el segundo piso permanecía oculta tras las cortinas del baño. La chica tragó saliba de forma precipitada, era ya mucho tiempo el que llevaba tras el joven lugarteniente, y no sólo ella... Si bien es cierto que ella podría ser con diferencia la más ferviente seguidora del guerrero, éste nunca se dió cuenta. Tal vez lo fuese porque él siempre había tenido una actitud protectora y parental con ella, ya que la encontró de pequeña entre el campo de batalla, la auxilió y la llevó a casa cuándo no era más que un mero soldado raso destinado como tropa de contención y por ende con un destino marcado por la muerte. El talismán que dejó el difunto abuelo de Ivorween parece ser que fue el que salvó a Agarwaen en un momento crítico, al parecer, la salvación fue mútua, o eso es lo que sabe la limpiadora, lo que él le ha contado durante todas estas noches de estos años...

Pero ahora... Todo cambió. Agarwaen subió de rango por méritos propios y la imperiosa necesidad de ausentarse del castillo y asimismo no poder mantener a la pequeña Ivor le hico delegarla a las tareas de limpieza para que así fuese el Rey quien la mantuviese.

Ivor lo tenía como figura modélica, todo un ídolo para ella. Con el paso del tiempo, las batallas... Todo cambiaba, anteriormente lo tenía más bien como figura parental, aunque pronto llegó a sentir una... "Extraña curiosidad..." Cada vez que pensaba en él no podía evitar el sonrojarse, cada vez que la noche era fría y solitaria y la joven sentía la necesidad de "relajarse" mediante el paso por un estado, que todo sea dicho, era de todo menos relajante ella acudía a su imagen.

- Hmm... Dónde estará Ivor... Aún tengo que darle su regalo, pobrecita mía, me habrá echado de menos, en fin, voy a ver si termino de quitarme ésto... - Murmuró mientras terminaba de quitarse la camiseta, dejando al descubierto su torso desnudo, echándose sobre la cama. Todo aquello era perfectamente visible desde el baño, aunque no al revés. De igual forma Agarwaen estaba demasiado cansado como para tener los sentidos alerta, más aún encontrándose en su propia 'casa'.

- Ah... No, dios mío... Otra vez no... ¡Joder! - La muchacha apretó con fuerza las piernas, sin poder evitar el roce de los muslos. Alzó el rostro, suspirando profundamente. - Por qué... ¿Por qué cada vez que pienso en él...? - Rendida y resignada, dejó deslizar la diestra por su esbelta cintura, acabando en su ingle y desviándose de forma inevitable un poco más hacia la izquiera, comenzando, entre jadeos y la respiración algo más agitada de lo normal a acariciarse de forma superficial, aún sobre la ropa interior, tragando saliba y rogando que no se percatase de ello.

Al parecer no se daba cuenta, o eso es lo que ella creaía: Permanecía tumbado en la cama, estirándose de forma eventual hasta que al final decidió...

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