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 La Iniciación
MensajePublicado: Mie May 20, 2009 11:06 am Responder citando
Arkantos
Admin Despótico

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Llevaba ya largo tiempo interesada en el mundo del BDSM, le seducía la idea de poder sentir en sus carnes el arte de las cuerdas chinas, el sentirse inferior al menos en ese ámbito por una vez, tentar a su interlocutor a ser dominada, atada, encadenada y castigada. Expuesta al límite de la cordura y llevada a la más profunda y dulce locura.

Basicamente estaba ya cansada de los años en relativa castidad, de limitarse a jugar consigo misma, cansada de que fuesen chorros de agua los que la hiciesen disfrutar día tras día. Necesitaba algo más, quería algo más, y eso era algo, que ningún juguetito podía brindarle.

No tardó mucho en bucear por las redes sociales más conocidas del momento, buscando a alguien acorde con sus gustos e intereses, desgraciadamente para ella, trabajó le costó. - "Qué sosos son los hombres de hoy día..." - Pensó tras semanas de incansable búsqueda y no dar mas que con incompetentes que nada comprendían del tema o listillos que creían saber todo pero luego a la hora de la verdad se rajaba.


Pasaron tres largas semanas en los que su imaginación -Y no sólo eso...- fluyó como pocas veces en su vida, buscando así el lograr alcanzar un mayor grado de satisfacción porque siendo sincera con ella misma, lo de antes, le quedaba pequeño. Quería... Necesitaba experimentar, ¿Quién dijo que los extremos no son buenos...?

Muchas son las barbaridades que la 'pequeña' Elisa llegó a hacer en esos momentos de lucidez y delirios de pasión, cosas que en cualquier otro momento hubiese rechazado por inercia. Afortunadamente para ella, poco sería el tiempo que seguiría con ese ritmo pues al fin pareció conocer a alguien... De casualidad, además, no fue él quién dió con ella, sino más bien al contrario. Navegando por esas redes sociales que tanto empezaba a hastiar vió un perfil más que interesante...


Poco tardaron en quedar, ella por su "curiosidad", -Desesperación, aunque no quisiese admitirlo.- y él por lo claro que parecía ser que tenía Elisa lo que iba a padecer, hacía tiempo que no veía a nadie con esa predisposición, y eso prometía.


Elisa se levantó emocionadísimo una mañana de Sábado, fue rapidamente al ordenador, comprobando su correo y sonriendo al instante al ver nuevamente ese desconocido remitente. En esta ocasión el mensaje no pedía ni exigía ningún tipo de fotografía o ritual encomendado, sencillamente adjuntaba una dirección. - "Vaya, creo que sé dónde queda esto, seguro que algún día habré pasado por delante..."- Murmuró. Se trataba ni más ni menos que el bar de su Tío Jacinto, era un bar de carretera que solían frecuentar camioneros y motoristas en los intervalos de descanso en sus rutas.

A pesar de ser un lugar harto extraño -Para nada pensaba que fuesen a quedar su primera vez en un sitio como ese.- ella se vistió para la ocasión con un top bien escotado y una minifalda vaquera, sin olvidar porsupuestísimo sus imponentes botas militares. Ella presuponía que tras tomar algo irían a dar una vuelta, y a la noche si eso, pasarían a ensayar toda la teoría que durante semanas tanto llevaban esperando que dejase de ser eso, simple teoría.


Llegó al bar unos diez minutos antes de lo estipulado, por el camino le había llegado un sms cuanto menos sospechoso. "Segundo habitáculo, servicio de caballeros." Ella supuso que se trataría del lugar exacto donde la estaría esperando, se encogió de hombros y hacia su destino se dirigió.





La sorpresa llegó al abrir el habitáculo y descubrir que nadie había dentro, de no ser por el "instrumental" allí depositado ya pensaba que le habían tomado el pelo todo este tiempo. En la pared había una nota, muy escueta: "Contra la pared, sin volver la vista atrás, PASE LO QUE PASE."

Ella se mordió el labio inferior, podía imaginarse su voz -Que sólo por teléfono había escuchado en una ocasión.- dictando la orden. Sobre la tapa del váter se encontraba una rosa azul y una fina tira de seda negra.

Los escasos tres minutos que tardó Elisa en oír el resonar de las pesadas botas del joven -Cuyo nombre aún desconocía.- se le hicieron eternos. Pronto su nerviosismo -Y no sólo nerviosismo...- aumentó de forma mucho más que considerable. Un metálico ruido, proviniente seguramente de cadenas o cualquier similar se oía tras cada uno de los pasos del joven, inquietante tintineo...

Se abrió la puerta y ella hizo amago de girar la testa, fue un acto reflejo practicamente, pues se moría de ganas por verle; desgraciadamente, un firme azote en su trasero le hizo enderezar la vista al frente.

- Buenos días, yo ya daba por hecho que sabías leer y tal... - Dijo el joven haciendo alusión a la nota que había en la pared, ella avergonzada asintió, suspirando y aspirando hondo posteriormente para oler la embriagadora esencia que desprendía el joven, esencia que le dejaría oler mejor pues pronto cerró la puerta, situándose tras ella, extendiendo ambas manos al unísono, dejando oír de nuevo ese metálico ruido. No, definitivamente, no eran unas meras cadenas, y lo descubrió cuándo tomó, de forma lenta sus manos, llevándolas un poco hacia delante, hasta dejarlas traspasando una de las tuberías, acto seguido la esposó.

Tras dejarla debidamente esposada tomó la cinta de seda, cegando así la visión de la joven, la cuál se limitaba a morderse el labio con fuerza, moviendo las piernas despacio, buscando el rozarse los muslos, de forma insconciente casi.

- ¿Tienes algo más que decir? - Inquirió inquisitivo él.

- N... No... Creo que no... - Respondió Elisa con la voz entrecortada. Pronto sintió otro nuevo azote que le hizo dejar escapar un efímero gemido.

- Creía habértelo enseñado todo hasta ahora, ¿Tan mal crees que lo he echo, huh, es eso quizá...? - Susurró a su oído, tras mordisquear despacio el lóbulo de su oreja.

- No... No, mi señor... Disculpad mi falta de disciplina, aceptaré gustosa las consecuencias que ésto pueda desencadenar... - Al fin la pequeña Elisa había conseguido meterse en el papel, él, ante tan correcta respuesta sonrió de medio lado, aferrando esa vez la azulada rosa y colocándola entre sus labios. - Cuidado, tiene espinas. - Le advirtió. - Es simple... Ato tus manos para que sepas bajo quién te encuentras, ante quién has de responder, y para que veas la imposibilidad de hacer algo no ético a mi parecer. Nublo tu vista para que así te concentres en los sentidos restantes, y ésto... A modo de pequeño castigo por tu desliz... Has de mantener la boca entreabierta, sin apretar en exceso, sin abrirla en exceso. Tanto si la cierras para reprimir tus gemidos como si la abres para expresarlos, cometerás una infracción más grave aún. La rosa, no debe caer, y tu sangre, no ha de brotar... Aún.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha, definitivamente era mucho mejor de lo que pensaba, una buena lección de esa profunda doctrina que ya practicamente idolatraba.



Él pronto se puso manos a la obra, arrodillándose tras ella, aprovechando la inercia del movimiento para con ello llevarse la falda de la joven. Una vez arrodillado llevó ambas manos a sus nalgas, acariciándola despacio, sintiendo la tersura de su piel, una vez comprobó lo que tuviese que comprobar se puso en pie, volviendo a pegarse tras ella, haciendo tangible la excitación que así mismo éste sentía. Teniendo ambas manos posadas sobre la cintura de la joven fue subiendo, despacio, notando el contraste entre su piel y la tela de su top.

De su costado sus manos volaron hasta sus pechos, la excitación de la joven no sólo era patente por su agitada respiración ni por la humedad que allí abajo se estaba desencadenando, sino por la dureza de sus pezones, algo que a su vez le dió otro detalle no por ello menos importante, no llevaba sujetador.

Alzó despacio su top, dejando al descubierto sus pechos, aferrándolos con firmeza para tras eso pasar a 'castigar' sus pezones, frotándolos con ahínco, arrancándole más de un suspiro, poniendo entredicho su fuerza de voluntad para aguantar la rosa y así mismo no dañarse. Ella suspiró al sentir como cesaban esas caricias, aunque le estremeció escuchar el sonido que daba a entender que el cinturón -Y los pantalones por consiguiente.- del joven habían caído al suelo. Sintió también como tanto su más íntima zona quedaba totalmente al descubierto, el joven aferró entre sus dientes el filo hilo que conformaba el minúsculo tanga con el que se atavió, desgarrándolo y echándolo a un lado, tras eso, volvió a alzarse, abrazándola nuevamente, proponiéndole una nueva prueba de resistencia, aunque no aeróbica, ni anaeróbica no, sino otro tipo más bien distinto de resistencia...

Ahora ella sintió su cálida lengua desplazarse rauda por su cuello, los besos, los eventuales mordiscos... Sus manos acariciandole los pechos, los pellizcos en sus pezones... Y su miembro, palpitante, anhelando el penetrarla... No aguantó. En un brusco movimiento se echó hacia atrás todo lo que las esposas le dejaron, alzando la testa para así poder gritar con fuerza, evitando al tiempo que la rosa cayese.


- Vaya, vaya, vaya... Parece ser que no te han quedado claros algunos conceptos... Tendré que hacerte ver cuál es tu posición a las malas... - Acto seguido se retiró, ella se temía lo peor, aunque para su sorpresa, tuvo que volver a alzar la testa pues raudo comenzó a pasar la lengua por los alrededores de su sexo, cercionándose de ejercer la presión justa y necesaria en su clítoris mientras tanto. - No esperes gran cosa, simplemente quiero saborearte... Estás castigada, y por si no era obvio, no podrás correrte.- Sonrió de forma mezquina, ruín, ella no medió palabra, pero estaba claro que el mundo se le venía encima. Aunque para ser exactos, ahora mismo lo que tenía encima era su miembro, sobre su trasero para ser más exactos, aunque poco tardó en colocar el glande en la entrada de su ano, empujando lentamente hasta introducir por completo todo su miembro.


Ella aguantó como buenamente pudo, afortunadamente estaba lo suficientemente excitada como para "abarcarlo" todo, aunque le costó, y bastante. Se extremeció al sentir la fuerza con la que tomó sus pechos, aunque no fue nada comparado con la embestida que le propinaría poco después. Acometida tras acometida tentaba a la joven a gemir y dejar más claro aún el que poco le importaba que no estimulasen su sexo, pues así también se sabía divertir. Sentía como era impulsada hacia delante dada la violencia de las penetraciones... Poco a poco dejaba de padecer y comenzaba a disfrutar de la crudeza de ese trato, de la degradación, y de los esporádicos azotes que propinaba en su trasero... Algo en el suelo comenzó a vibrar, era su móvil.

- Oh... Joder... Es mi novia, toma, ¿Quieres responder tú? ¿Sí, verdad? - Esa sonrisa tan jodidamente cabrona volvió a iluminar su rostro, apretó con fuerza el móvil al sexo de la ya de por sí excitadísima joven, introduciéndolo poco después. - Oh, vaya, ¿Qué pasa, no vas a descolgar, tal vez prefieres que siga llamando, no es así...?

Preguntas retóricas, él lo sabía, sencillamente se estaba divirtiendo, no tardó mucho en alzar el rostro, gimiendo con fuerza, haciendo que la chica se estremeciese al sentir como eyaculaba en su interior, volviéndose a sentir tentada de moverse, pues ella también estaba a punto, pero él se apresuró a retirar el móvil, descolgando: - ¿Sí? Ah, hola cariño, sí, yo también te he echado de menos, pasaré a por ti en diez minutos. - Colgó, volviendo a vestirse e introduciendo la llave de las esposas, liberándola de ellas. - Cuando llegues a casa tendrás un email donde explicaré como debes de terminar. Espero que la próxima vez seas consciente de tus actos, puede que así ambos lo pasemos mejor, sinceramente, no pensaba que fueses a aguantar, de ahí la simplicidad de este encuentro, hasta la próxima.

Ella se apresuró a retirarse la cinta de seda, aunque para entonces ya fue demasiado tarde, se limitó a reflexionar sobre lo ocurrido, llegando a casa y siguiendo las que eran las órdenes y deseo de su nuevo amo.

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